El pasado miércoles 31 de mayo, el presidente del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), Alexandre Roig, participó de la Asamblea General Ordinaria de la Federación, realizada en su nueva Sede Social. Compartimos aquí sus declaraciones:
“Gracias por la invitación. Siempre participar de asambleas es un lujo, un orgullo, un privilegio porque se trata de procesos colectivos. Y más en esta nueva casa, en esta nueva sede, en este momento de crecimiento de FECOFE.
Hay una parte de esperanza en lo que nosotros hacemos, y en lo que la Federación hace en particular. Es importante resaltar la manera en la cual la FECOFE va ocupando un lugar de expresión política que necesita el sector, porque en los últimos años gran parte de la organización del cooperativismo agropecuario estuvo vinculado sobre todo a lógicas comerciales y productivas que FECOFE no tiene. Además, esta Entidad tiene una ambición de expresión de un proyecto político que explicita, y eso es absolutamente compatible con las otras lógicas en curso dentro del sector. Efectivamente hacía falta esa voz, porque sino ésta se limitaba a la de la Mesa de Enlace, y la Mesa de Enlace a su vez es una voz particular porque ni siquiera expresa a los que están en ella.
El problema, y no echo la culpa a la Mesa de Enlace de la locución que tiene, es que estamos en una sociedad en la cual es tan difícil hablar del sector agropecuario, del campo, de nuestra Nación, de nuestro territorio, que como bien decían anteriormente, en tiempos de campaña nadie está hablando de eso. Como si fuera un gran ausente del proyecto nacional, cuando finalmente hoy el pilar de la riqueza de la Nación está acá.
Esta institución viene a expresar una voz constructiva, productiva, diferente, que articula para tener sentido. FECOFE es un proceso necesario para el momento político actual. Más allá del crecimiento institucional y de la cantidad de entidades que la conforman, en términos políticos, para el país, FECOFE ocupa un lugar único. Y eso debe ser motivo de orgullo y de mucha responsabilidad, porque ese es el problema cuando se tiene un lugar dentro de un dispositivo donde hay un vacío de expresión. Eso hace que cuando se expresa algo se tenga la responsabilidad de sostener y sofisticar esa expresión. Y sostener sofisticada esa expresión significa sostener y profundizar un modelo.
Y ahí yo trato, en los espacios colectivos como estos, que tomemos consciencia. Porque finalmente hacemos mucho más de lo que somos conscientes, y es difícil darnos cuenta de esto porque vivimos en una sociedad que habla de otras cosas, y no de las cuestiones importantes. Entonces terminamos hablando de lo que dice el otro, y no de lo que hacemos nosotros. Eso nos aleja y opaca nuestro propio quehacer. La verdad es que FECOFE, el cooperativismo y el mutualismo tienen un proyecto de país. Y esto no es una declamación, sino algo que hay que plasmar.
Sobre todo en tiempos donde la transformación que está ocurriendo del capitalismo a nivel mundial es vertiginosa. Tuvimos una profundización del capitalismo financiero, cambios tecnológicos que destruyen empleo y trabajo de manera profunda, una guerra global, un sistema de disciplinamiento político fuerte a través de la pandemia… Todo eso nos lleva a una situación en la cual políticamente lo que surge en general, históricamente, a través de procesos similares, es la victoria sistemática de una extrema derecha, de propuestas autoritarias que terminan fundándose en fuerzas que ganan sobre la base del enojo y el odio del otro. Esa es su estructura.

Hay que pasar de la organización a la institución. Decir ‘nosotros nos organizamos para proponer instituciones nuevas’. No solamente pedirle al Estado recursos y acompañamiento en políticas públicas. Hablamos demasiado de esto último y de recursos, que son necesarios, y no suficientemente de nuevas instituciones, en un país cuyas instituciones están todas en crisis.
¿Cómo vamos a lograr convencer a los jóvenes que tienen un futuro si no es desde instituciones diferentes? Porque la gran prueba de que lo que decimos se puede concretar, es que hay un conjunto de reglas que nos respaldan. Eso es una institución. Por ejemplo, uno puede decir ‘vamos a hacer todo lo posible para que los jóvenes tengan empleo’, pero si no hay ninguna institución que pueda concretar eso, deja de ser creíble. Tratamos de convencer sin argumentos, y los argumentos no son discursivos, son materiales. Y la materialidad se expresa en instituciones. Las organizaciones pelean por instituciones nuevas. Y eso es lo que debemos hacer.
El sector cooperativo y mutual es portador en sí de una forma de organización del territorio y de la producción. Eso hay que expresarlo más: en contra de la concentración hay agregación de fuerzas. AFA hoy es la primera cooperativa de América Latina porque agrega miles y miles de productores, y hoy son 15 mil. Esa es la fuerza agregativa, no concentradora. Si un sólo productor hubiera absorbido las 15 mil producciones, allí existiría la concentración.
Agregar y no concentrar. Sumar y no competir. Se trata de una forma de organización de la vida productiva. Un modelo que implica instituciones muy concretas, ese es el camino que debemos ir construyendo.

Los momentos como estos son importantes para avanzar en las discusiones. Y voy a referirme a cuatro puntos en particular:
Primer punto: la unidad del cooperativismo, del mutualismo y de todas las fuerzas materiales del país. Porque si hay algo que caracteriza la transformación tecnológica y el capitalismo financiero es que destruye el valor del trabajo y de la producción. Todos los que estamos a favor de valorizar el trabajo y la producción debemos estar en la misma mesa: las pymes, las cooperativas, las mutuales, los empresarios con fines de lucro pero con orientación a la producción nacional, los sindicatos, algunas organizaciones sociales, entre otras. Hoy eso no existe, y todas se encuentran dispersas.
Segundo punto: repensar la organización del territorio del país. Significa desarrollar las pequeñas ciudades, los pueblos, la ruralidad, las carreteras, los servicios, escuelas, internet, electricidad, acceso a los puertos. Es una trama. Es una institución nueva: por qué no planteamos una con características similares al INAES, cogobernada entre el Estado y representantes del sector agropecuario para que el 50% de las retenciones vaya al territorio rural, y que así el campo decida sobre cómo se desarrolla su territorio. Es simple, es otra concepción política y otra organización del espacio, que se implementa con recursos, decisiones y saberes.
Tercer punto: representar la organización de la producción. Créditos, sistemas comerciales, valorización de la producción, desprimarización que implica valor agregado in situ. En términos políticos, promover otro tipo de Estado en donde el sector se exprese y no sólo esté representado. En este proyecto, no hay alguien que hable en nombre de los productores agropecuarios. Por el contrario, hay un productor agropecuario en el Estado que expresa los intereses del sector. Y esas son banderas políticas muy concretas. No queremos que un candidato tome una agenda. Este modelo de crisis de representación política tiene que ver con que justamente existe una clase política alejada de la realidad. Hay que volver a un modelo de estatalidad, de expresión directa de los intereses materiales y la función de la política debe ser arbitrar entre intereses contradictorios. Hoy los intereses no están expresados.
Cuarto punto: si nosotros no planteamos una unidad material, una nueva forma de pensar el territorio, la organización de la producción y la política, no hay chances de que podamos generar un sentido nuevo para los jóvenes. Todo sentido es puro discurso si no está anclado en propuestas bien concretas. Es ahí donde nosotros tenemos la responsabilidad de ser productores de sentido. Somos productores de sentido porque tenemos organización y tenemos la capacidad de instituir. En esa secuencia.

Sin organización, sin institución no hay forma de tener un sentido creíble. Como consecuencia, todas las organizaciones que están vinculadas a la materialidad del mundo tienen la responsabilidad de producir sentido. Sin ellas la crisis de la organización se va a profundizar. Sólo ganarán aquellos que se conectan con un sentido profundo y potente: el odio. Tenemos que producir un sentido profundo y potente que se llama futuro: futuro para los jóvenes. Activar un deseo. Esa es la potencia política de una organización como FECOFE”.