El Día Internacional de las Cooperativas llega con el desafío de la reconstrucción

Fecha: 02/07/2021
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

El Día Internacional de las Cooperativas llega con el desafío de la reconstrucción

EDITORIAL


Reconstruir mejor juntos” es el lema elegido por la Alianza Cooperativa Internacional para celebrar el Día Internacional de las Cooperativas 2021, el sábado 3 de julio. Es insoslayable el impacto de la pandemia a nivel mundial y por ello la ACI exhorta a las cooperativas de todo el mundo a mostrar “cómo están afrontando la crisis provocada por la pandemia de la COVID-19 con solidaridad y resiliencia, ofreciendo a las comunidades una recuperación centrada en las personas y respetuosa con el medioambiente”.

La pandemia fue un golpe al sentido cotidiano de las cosas. Intempestivamente irrumpió en la vida de las personas y de las instituciones. Mediados por dispositivos digitales continuamos comunicándonos, mientras descubríamos que algunos eran más “esenciales” que otros, esos que no podían “quedarse en casa”, como los imprescindibles trabajadores de la salud o, en nuestro caso, las cooperativas elaboradoras de alimentos, igualmente indispensables para la existencia.

Pero también, rápidamente se corrió el velo de las fragantes desigualdades de nuestra sociedad. Las posibilidades de sobrevivir ante la crisis generada por la pandemia no era la misma para todos. No todos tenían suficientes recursos para alimentarse. Tampoco una adecuada atención sanitaria. Entonces, más que añorar la “normalidad” perdida, la pandemia nos interpeló sobre en qué mundo queremos vivir. Y sobre qué y cómo producimos, hasta dónde somos responsables de la crisis sanitaria y hasta cuándo podrán prorrogarse alternativas tecnoproductivas que rompan la falsa dicotomía cantidad/calidad. La proa de nuestras cooperativas está orientada hacia la producción masiva de alimentos sanos y a precios accesibles.

Al develarse la injusta realidad, también se revela (y confirma) el rol de las entidades cooperativas. Con todas sus posibilidades de producir bienes y servicios de manera equitativa y democrática, con la mira en el desarrollo humano, en la organización de la comunidad, en la distribución de los excedentes, en la producción sostenible. Trascendiendo la mera maximización de ganancias y sus consecuencias en términos de concentración y exclusión.

Las cooperativas de FECOFE, por ejemplo, han reaccionado veloz y proactivamente al nuevo escenario. A partir de alianzas estratégicas con otras organizaciones agrarias productoras de alimentos y procurando articularse con el Estado, en sus diferentes niveles: municipales, provinciales y nacional. Dentro de nuestras posibilidades, hemos dado respuesta a la emergencia alimentaria, que, aunque concomitante y potenciada por la pandemia, ya venía diezmando el bienestar de la población desde mucho antes.

La etapa de financiarización del capitalismo actual, genera riqueza por encima de los bienes que produce. Y la concentra más aún, restringe el crédito a nuestras entidades, excluye a las mayorías, destruye el medio ambiente e implanta la cultura del “sálvese quien pueda” como nunca antes. Es el egoísmo y la vanidad llevados al paroxismo.

El primer desafío de la Economía Social, Solidaria y Popular, y de toda la comunidad global, será la adaptación activa, el aprendizaje que dejarán las consecuencias de la pandemia, pero sin olvidar que entre sus causas predominan los modos de producción que contaminan al planeta comprometiendo el presente y, sobre todo, el futuro. Es nuestra obligación como dirigentes pensar en nuestro sector, en nuestra supervivencia, al igual que en la suerte de las próximas generaciones. Esta forma de producir se está llevando puesto al planeta.

Ni un ambientalismo ingenuo e inviable, ni un desarrollismo contaminante y sin gente. La salida es un nuevo proceso emprendido entre todos los actores estatales y comunitarios, que sea complementario en lo económico-productivo y alternativo en lo social-ambiental. La producción cooperativa, particularmente la de alimentos, que es el caso que nos toca, debe contemplar el cuidado del medio ambiente, de los ecosistemas y de la salud de la población que los consume.

Esta preocupación (y ocupación) no es nueva, sin embargo el momento nos la muestra inapelable. Si aprendemos esta lección el futuro será promisorio. No depende sólo de nosotros pero estamos obligados a hacer nuestra parte. La ética es constitutiva de los valores de nuestras cooperativas. Así como presumimos de este rasgo identitario y nos jactamos de nuestros principios distintivos, sepamos también que ellos nos hacen más responsables.

Sin negar la existencia -en buena parte de la sociedad-, de un sentido común individualista, fragmentario, pasivo o insensible; como cooperativistas sabemos, hoy más que nunca, que nadie se salva solo. El remedio es con más cooperación. Resolviendo necesidades y atizando el deseo. Somos las cooperativas que por el sentido histórico del valor de lo común, podemos reconstruir comunidades justas, solidarias e inclusivas; para un progreso sustentable en lo económico-social y sostenible en lo cultural-ambiental.

Otras Novedades: