Marta Gaitán: «Los valores del cooperativismo son coincidentes con los movimientos de mujeres»

Fecha: 08/03/2022

Marta Gaitán: «Los valores del cooperativismo son coincidentes con los movimientos de mujeres»

Este martes 8 de marzo se consagra un nuevo Día Internacional de las Mujeres y Disidencias. En ese marco, mujeres trabajadoras miembros de cooperativas comparten sus experiencias respecto al desarrollo de la perspectiva feminista en el ámbito autogestivo de la economía social y solidaria.

De los múltiples frentes en donde el movimiento de mujeres se perfila, el cooperativismo es uno de tantos. Con participación en los Encuentros Nacionales de Mujeres, con voz en los consejos de administración en cooperativas y mutuales de cada empresa autogestionada, con iniciativas relacionadas a la creación de comités feministas, las mujeres y diversidades han encontrado en la economía social y solidaria un espacio de expansión de sus luchas. Un modelo de resistencia  y de prácticas emancipatorias. 

Según Marta Gaitán, “los valores del cooperativismo son coincidentes con los movimientos de mujeres en tanto el cooperativismo tiene un sistema de principios basados en los valores de ayuda mutua, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad”. Gaitán, que es presidenta del Comité de Equidad de Género de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (Cooperar), dirige desde ese espacio acciones destinadas a incorporar la perspectiva de género en cada una de las cooperativas y entidades asociadas.  En ese marco, la dirigente explica que “los valores éticos de transparencia, responsabilidad social y preocupación por los demás los podemos ver en acción a menudo en las organizaciones y movimientos de mujeres internacionales y nacionales”. 

Para Marta, la mayor vinculación entre ambos movimientos está relacionado a su capacidad de autogestionarse y de ser horizontales a la hora de tomar las decisiones que incumben a todos y todas los miembros y miembras.  “Por supuesto las formalidades son distintas porque las cooperativas son empresas sociales. Pero si vamos a las prácticas cotidianas, estas se proponen solidarias, equitativas, con escucha, con prácticas positivas”, enfatiza. Un ejemplo las guías de acción en dónde se indica que los asociados por capital tienen el mismo número de votos que un asociado “común”, o las listas propuestas para ocupar cargos, en donde “todos, todas y todes tienen derecho a elegir y ser elegido para conducir o liderar procesos de entidades cooperativas”, aclara la presidenta del Comité. 

De los aportes que el feminismo ha otorgado al cooperativismo, Gaitán describe a la “innovación democrática”, dado que las mujeres y diversidades han tomado la posta en las calles, en las casas y hasta en las instituciones encontrando nuevas formas de hacer política. Por su parte, “la pata cooperativista dentro de los feminismos”, como a Marta le gusta definirse y definir a otros que sienten lo mismo que ella, agrupa a quienes año a año “abrazan la cultura del cooperativismo” y sienten que “la economía social y solidaria pone a las personas en el centro de la vida”. 

En ese sentido, feminismo y cooperativismo coinciden y se funden en tanto ambos llevan consigo un espíritu transformador, una potencia revolucionaria y una resistencia al capitalismo patriarcal. Todas estas -revolución, resistencia y transformación- son desarrolladas con el arma más potente de la humanidad: los lazos sociales comprometidos. 

Así, ambas corrientes se oponen a las economías hegemónicas ortodoxas y de mercado aportando un paradigma diferente, pero sobre todo alineándose teórica y prácticamente a la creencia de que “hay que poner a las personas en el centro y no a los capitales, que privilegian la maximización de las ganancias a costo muchas veces de vidas humanas”, resalta Gaitán. 

Sobre las acciones que los espacios cooperativos pueden hacer para reducir la brecha de género, la dirigente considera que “las cooperativas son un ámbito que si se lo propone puede propiciar y garantizar el buen vivir de todas y todos. Puede apoyar la redistribución equitativa de los recursos. Puede garantizar derechos y ampliar los mismos”. “Si se lo plantean, pueden generarse acciones positivas para la igualdad de oportunidades, para la educación y formación igualitaria, para la remuneración por igual tarea”, resume. Y agrega que la eliminación de las jerarquizaciones sexogenéricas también sería un gran aporte a la eliminación de los factores que “hacen al famoso techo de cristal”. 

Finalmente, Gaitán aclara que “no sólo por expresar principios doctrinarios coincidentes con el feminismo un espacio cooperativo es necesariamente justo o igualitario”. Lo que sí está claro es que el compromiso por construirlos es “cada vez más fuerte” dentro de las entidades autogestivas.

 

Empoderamiento rural

En nuestra zona, en nuestro ámbito rural las mujeres siempre han formado parte del circuito productivo. Probablemente en otro momento su tarea era meramente de soporte, de asistencia hacia sus maridos y las tareas que tenían asignadas tenían que ver con hacer la huerta, criar aves de corral, o realizar la rutina de ordeñe. Hoy en día las hijas de esas mujeres, las nietas de esas mujeres han tomado el mando de la producción, están al frente del campo, lo manejan, y ese es mi caso que hace seis años que estoy a cargo del tambo familiar”, dice Verónica Juan, presidenta de la Cooperativa las Cañitas, ubicada en la pequeña localidad de El Tío de la provincia de Córdoba. 

Lo que manifiesta la productora es cierto: se trata de un nuevo espacio  dentro de las empresas autogestivas concedido a las mujeres que permite que estas sean reconocidas y que, como es sabido, su conquista no ha sido gratuita ni mucho menos regalada. «En nuestra cooperativa somos varias las mujeres que estamos a cargo de la explotación. Ahí somos bienvenidas, valoradas, escuchadas, tenidas en cuenta al punto de que varias de nosotras hemos formado y estamos formando parte del consejo de administración. Eso da una pauta del rol que desempeñamos dentro de estas empresas”, relata Vero.

Julieta Ayas es miembro de la Cooperativa Agrícola Tambera de James Craik Ldta. Para ella, la incorporación de la lucha de las mujeres en el ámbito del trabajo rural de una cooperativa y de producción tambera se basa mucho en “hacerse escuchar, en llamar la atención cuando no se la tiene en cuenta”. Según sostienea, los reclamos y las preguntas que puedan surgir gracias a la llamada “revolución feminista” ha llegado incluso a calar hondo en los vínculos que las trabajadoras rurales construyen entre sí: «Sin dudas, también es importante que lleguemos a esas mujeres rurales, también trabajadoras de cooperativas, que estan siendo oprimidas. Que estemos ahí para darles también esta curiosidad respecto a la necesidad de hacer oír nuestras opiniones, de lograr igualdad de condiciones laborales, tanto en el trato como en la remuneración que recibimos. También es un rol importante desde nuestro lado: llamar la atención e involucrar a esas mujeres. Funcionar como disparador para que a ellas también les surjan esos interrogantes». 

Para Juli, los nuevos movimientos que se han gestado al calor del colectivo de mujeres le han permitido pensar que el ser mujer tenía que ver con superar los roles que tradicionalmente se le habían asignado a las mujeres por el sólo hecho de serlo. “Se trata de creer que la mujer no sólo puede eso, sino mucho más”, relata. Su explicación se sustenta en la experiencia: Ayas es también miembro del consejo administrativo de la Cooperativa en la que trabaja. Otra experiencia de construcción de espacios justos en el corazón de James Craik.

Los procesos de incorporación de las mujeres a los espacios de decisión pueden verse como una victoria que debió haber llegado hace mucho. También como una iniciativa de la autogestión que comprendió que esas son luchas a las que debe acoplarse. Pero insistimos: la ganancia de estos espacios no es producto de una dádiva, de una ofrenda o un agasajo. Es ni más ni menos lo que las mujeres y disidencias merecen: un mundo libre, justo y cooperativo.

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